El edificio El Porteño, en Puerto Madero y a escasos metros del Río de la Plata, es un antiguo silo de principios del siglo XX inspirado en la arquitectura industrial inglesa, con su característica fachada de ladrillo oscuro, de cuando Buenos Aires era la París americana. Y también es la unión de dos impulsos, el de reflotar la ilusión de un país resquebrajado hace unos años y el de encontrar un sueño más dentro de su ya de por sí ensoñador mapamundi: Alan Faena (diseñador de moda argentino) y Philippe Starck (el sempiterno enfant terrible del diseño de vanguardia, creador del look de un sinfín de hoteles chics).
Buque insignia del grupo hotelero Mandarin Oriental, este hotel abrió sus puertas en 1963 en el por aquel entonces incipiente distrito financiero de Hong Kong. Conocido desde siempre como The Mandarin, el verticalismo de su fachada rompió moldes en una ciudad que aún miraba con recelo esos rascacielos que modificarían para siempre su estampa colonial. Pronto se convirtió en el mejor hotel de Asia y su fama llegó a igualarse a la de otros hoteles legendarios como el Ritz de París, el Grand de Roma o el Connaught de Londres. En el año 2005 el Mandarin Oriental de Hong Kong actualizó su decoración e instalaciones para escalar posiciones en el competitivo estrellato hotelero internacional.
El primer y hasta ahora único resort caribeño de la cadena hotelera de Adrian Zecha, el gurú de la hotelería de lujo, se instaló junto al parque nacional Northwest Point de Providenciales, una de las islas del archipiélago de Turk y Caicos. En la línea habitual de los complejos del grupo Amanresorts, el Amanyara ofrece cada vez con más solvencia una alternativa diferente para pasar unas vacaciones tranquilas en el Caribe.
Las galerías de Vittorio Emmanuele II, construidas en 1876 en el centro de Milán como puente de unión entre la catedral gótica y la plaza della Scala, estrenaron instalaciones a finales de 2006. Desde entonces, el hotel Town House Galleria compite en lujo historicista y glamour con los escaparates de las boutiques de firma, joyerías y cafés que se suceden a lo largo y ancho de la planta de cruz latina de este centro comercial cubierto con cúpulas de vidrio; el más conocido, elegante y caro de la ciudad.
La presencia de la cadena Kempinski en la capital china no podía ser más discreta. La silueta horizontal rematada por una enorme bóveda semicilíndrica del inmueble que ocupa este cinco estrellas es una excepción para lo que se estila en los nuevos barrios financieros y administrativos de Beijing, que concentran la mayoría de los hoteles internacionales.
La exclusiva estación invernal de Courchevel 1850 alberga uno de los hoteles de montaña más recomendables de los Alpes franceses: Lé Mélézin. Adrian Zecha, fundador y presidente del grupo Aman, conocido por sus complejos hoteleros de lujo en Indonesia y la Polynesia francesa, abrió en este privilegiado emplazamiento el que fue el primer Amanresort europeo.
Darse un baño relajante en un jacuzzi de mármol instalado en la planta superior de un rascacielos, llegar a la recepción del hotel en helicóptero, dormir en la habitación en la que se alojó Ava Gardner, asistir a una cena de gala bajo el mar, hacer compras en las tiendas más exclusivas de la ciudad en compañía de un personal shopper y volver al hotel en un Rolls Royce conducido por un chófer que estará 24 horas al servicio del huésped... Hay hoteles de lujo que ofrecen experiencias únicas que no tienen precio. O, mejor dicho, sí lo tienen, pero prohibitivo. Porque sólo unos pocos mortales pueden pagar más de 18.000 euros por dormir en alguna de las suites más caras del planeta. Entre ellos, magnates, estrellas de cine y deportistas de élite acostumbrados a un trato exquisito, ultrapersonal y privilegiado. Esta no es la única lista porque los nombres y los precios flutúan a cada momento. Es nuestra selección, aunque podríamos haber incluido otros tantos hoteles como el Martinez de Cannes, el Park Hyatt de París o el hotel Plaza de Nueva York.
Sus 321 metros de altura serán en 2009 una enanez comparados con los 800 que tiene previsto alcanzar el hotel Armani. Pero el Burj seguirá ostentando otros récords: es el hotel con el atrio más alto del planeta y el primero autoclasificado con siete estrellas. A 1.440 euros la noche.
Clásico entre los clásicos, este monumento a la hospitalidad marroquí preside desde 1923 uno de los flancos de la muralla de Marrakech, con acceso a la medina de la Koutoubia y de la plaza Yemaa el Fna. Hotel de leyenda, por sus lujosas estancias y salones han desfilado personajes históricos del siglo XX y, tras su reciente renovación, se dispone a vivir una nueva etapa de esplendor en el nuevo milenio dando otra lección magistral de lujo y detallismo exclusivos. La Mamounia, un hotel sin estrellas en la puerta, pero un hotel de categoría exquisita.
Con más de un siglo de historia, el Dolden Grand Hotel de Zurich reabre sus puertas convertido en uno de los hoteles más lujosos de Europa. Completamente renovados, sus interiores se amplían con dos nuevas alas de perfil contemporáneo proyectadas por el laureado arquitecto británico Norman Foster.