
Pues más o menos como suena, es decir, el palacio de la señora Landa, la artífice de esta fantasía gótica al borde de la autovía a Madrid. Pero sus desvelos llevan el gen de sus padres y sus abuelos, los de una familia que lleva en la brecha de la hostelería desde principios del siglo XX. Primero un restaurante, luego un hotelito humilde, más tarde un comedor de noche y finalmente la l...