
Cegado por sólidos muros y altas tapias, donde antiguamente hubo un convento de la orden concepcionista fundado en 1533, aparece el parador de turismo. Hay que entrar y avistar una pieza de arte para darse cuenta que por fuera no es vistoso. Alrededor del claustro renacentista se distribuyen las habitaciones, austeras y decoradas con acuarelas de los hátibos que distinguen a las distintas órdenes ...