Barrio la Fuente s/n 39511 Selores/Cabuérniga /Cantabria (Cantabria|España)
El decorador cántabro Paco Entrena y su hija Silvia regentan esta antigua casa palacio con imaginación y maestría. Ambos atienden sin complejos al huésped, proponiéndole una exploración museística de la casa y permitiendo, en lo posible, la elección personal del dormitorio. Lección de encanto.
Amarillo, fucsia, blanco, azul... Cada habitación luce un color y una ambientación diferente. Bien conjuntadas, visten moquetas impolutas, camas abrigadas con edredones, sillones, mesas y lámparas de diseño y viguería de madera en los techos.
Esta fantasía visual abarca también otros rincones de la casona, desde el salón de reuniones hasta los pasillos, en los que se ha conseguido crear una atmósfera mágica mediante la iluminación.
Lo mejor, la habitación más especial, las curiosidades y hasta dónde comer bien. Todo esto y más te lo cuenta Fernando Gallardo. Lee su crítica.
dobles: 12, dobles especiales: 5, junior suites: 4, suites: 4;
todas con
calefacción, camas kingsize, acceso a internet, Tv color, lector DVD, mesa de trabajo, minibar de pago, secador de pelo
jardín, salas de convenciones con capacidad para 25personas , salón de estar
bar cafetería, restaurante
admitidas
Se admiten en 3 habitaciones que tienen entrada por el jardín. No hay suplemento a excepción que el propietario noo quiera que se quiten las alfombras en la habitación.
Nunca.
Silvia Entrena Montero
Ya se advierte conforme se avanza hacia él. Un vistosísimo conjunto arquitectónico recibe al viajero en un claro rodeado de maleza y frondosidad. Y eso es sólo el principio, la fugaz ojeada. Porque a la estupenda postal colorista de árboles, terrazas de piedra y pigmentación sobre la fachada principal cabe añadir unos interiores de esos que no abundan.
La mano del decorador Paco Entrena y, por lógica añadidura, la de su hija Silvia se palpan nada más cruzar el umbral. Por el mimo con el que atienden a sus huéspedes y por el despliegue interiorista que comienza en el comedor sensual, extravagante, diferente, seccionado en dos porciones. Cada rincón responde a las expectativas pero es al entrar en las alcobas cuando hasta el más optimista pierde la apuesta. Una exhibición de armonía perfectamente conjuntada, exclusiva en cada una de ellas.
Un color diferente reservado para engalanar las paredes y para definir un estilo y una filosofía. Desde el amarillo sedante hasta el fucsia, el azul o el blanco virtuoso, repartidos en habitaciones y suites. Exuberantes piezas pensadas para el descanso pero también para el deleite a base de doseles con gasas, lámparas de diseño, rincones abuhardillados y otros muchos y sorprendentes detalles.
En los cuartos de baño de las suites, formidables ejemplares de bañeras para invertir tiempo sin complejos. Los que no tienen los responsables de este proyecto sustentado sobre piedras del siglo XVII, en la reserva natural del Saja, entre Renedo y Terán, en aquel camino real que protagonizó Carlos I a través del valle de Cabuérniga.
La relación calidad-precio resulta muy interesante.
En los baños, equipados con bañera de hidromasaje, sólo desmerecen los afeites, casi inexistentes.
La joya equinoccial de este palacio es la alcoba de estilo mejicano con un enorme tálamo armado con troncos de madera. Los Azules, abuhardillada, en el segundo piso, ofrece vistas de la reserva del Saja.
Merece la pena probar las cenas de picoteo servidas en el mismo hotel.
La Comarca del Saja-Nansa, de gran riqueza natural y paisajística. Valle de Cabuérniga (3 km). Palacio de Mier, en Carmona. Bárcena Mayor, pueblo-museo de piedra y tejas (17 km). Cabezón de la Sal (22 km). Ctra. de la sierra del Cordel hacia el puerto de Palombera, bajo uno de los hayedos más meridionales de Europa y cerca del pico Tres Mares. Fabulosas vistas (30 km). San Vicente de la Barquera (36 km). Cuevas de Altamira (40 km). Comillas (45 km). Santillana del Mar (49 km).
Senderismo por el valle de Cabuérniga.
No le falta detalle. En cada rincón hay algo especial. Muy recomendable para un fin de semana de ensueño con tu pareja. Un sitio tranquilo, discreto y pefecto para una deconexión total. Estuve en la Curuca, yo diría que pefecta. Una única pega es que los obsequios del baño son muy escasos, sobre todo si pasas más de una noche. El desayuno fue muy bueno, aunque si llegas solo 15 minutos antes del fin de horario no quedan ni las mesas preparadas. Y el restaurante, muy buena relación calidad-precio.