Paratge de Sant Pere del Bosc s/n 17310 Lloret de Mar /Girona (Cataluña|España)
Blanes, año 898. La villa sufre el asedio de los piratas árabes. Un grupo de monjes benedictinos deciden mudarse a las montañas de Lloret. Nace Sant Pere del Bosc. Durante la guerra con Francia, a finales del siglo XVII, el convento es arruinado. Los monjes ya huidos dejan camino libre para que en el año 1860 el alcalde Agusti Font intente comprar Sant Pere ayudado por su primo, un rico comerciante afincado en Cuba, Nicolau Font.
En realidad fue este el que se hizo cargo de la misión, la de volver a poner a Sant Pere en pie, pero con más brillo que nunca. Ya en su tierra, Nicolau se hizo con los servicios de los mejores artistas de la época que le ayudaron a dar forma a su sueño, a levantar la casa, la cruz y la capilla, y hasta la escultura del ángel. Años después, una ampliación del edificio ya en manos de sus sobrinos pasó a convertirse en un asilo bautizado con el nombre de su tío. Por fin, en el año 2000, los descendientes de Nicolau Font i Maig fundaron el restaurante de Sant Pere del Bosc y ahí comienza la historia moderna que culmina con la inauguración en 2011 del hotel. El futuro está aún por escribir.
Raíces, transgresión, influencias y tecnología. Los cuatro pilares sobre los que se sostiene el concepto de la casa, tanto en el apartado culinario como en el del hospedaje. Eso sí, primero hay que comer. Luego, descansar y dormir. Para empezar, los sentidos se atiborran con unas propuestas tan sugerentes como divertidas -menú Lehman Brothers, (la madre que los parió)- basadas en los productos de caza, a la brasa y, en general, en lo más granado de la dieta mediterránea. Después hay que admirar el entorno, el marco de la finca sucumbida a los encantos de una recoleta piscina de agua salada frente a la casa, un palacete a todas luces heredero de un pasado modernista ilustre, el que un jovencísimo Puig i Cadafalch se encargó de firmar por orden del Conde del Jaruco, como se le apodó al indiano don Nicolau. Dentro, chisporrotea el diseño en blanco y negro reluciente y el lujo de unos servicios exclusivos como la carta de sábanas pensada para novias y parejas en celebraciones especiales, la atención de un dietista o de un personal shopper.
El blanco refulgente se queda a las puertas del spa, mucho más orgánico y plácido. La cueva, la piscina interior del hammam, las salas de masajes… Un primor al servicio del cuerpo y del alma, con múltiples tratamientos centrados en las propiedades de la ciencia ayurvédica.
Por su parte, las 19 habitaciones invitan a dejarse llevar. Tematizadas en casi todos los casos, pretenden hacer guiños cultos al huésped. Dormir en una habitación dedicada a Indira Ghandi, o a la aviadora alemana Elly Beinhorn, o a la primera vedette del Moulin Rouge, Pauline Baez, o a Maria Callas, o a la bailarina Isadora Duncan. Sí, todos mitos femeninos recreados en cuatro paredes. Un punto exóticas, bohemias, sin perder la elegancia. No es fácil elegir, la variedad es mucha y muy apetecible. Hay que darse el capricho. Los afortunados repetirán.
dobles especiales: 2, junior suites: 9, suites: 8;
todas con
calefacción, aire acondicionado, camas kingsize, acceso a internet, monitor plano de TV LCD/Plasma, TV satelite, radio, mesa de trabajo, caja fuerte, minibar gratis, plancha, habitaciones no fumadores, carta almohadas, carta sábanas, albornoz, secador de pelo
servicio 24 horas, garaje, jardín, piscina exterior, salas de convenciones con capacidad para 24personas , sauna, salón de estar, transporte al aeropuerto
bar cafetería, restaurante, restaurante al aire libre
servicio de canguro
algunas habitaciones adaptadas para discapacitados
Nunca.
Eva Olmos
Tarjetas de crédito: AE, EC, MC, V, 6000
IVA (8%) no incluido
La personalidad culta de la propietaria, Eva Olmos. Las camas diseñadas por el doctor Estivill, una autoridad en el sueño.
Majestuosa como la propia diva, la suite María Callas exhibe un fresco de amapolas frágil y elegante.
Desayunos estilo british, servidos en porcelana con estampados animales, largos de cereales, mermeladas variadas, tostas de chistorra y dátil iraní. Y una selección de 30 tés de Harrods.