Lugar Troniecho (Lanuza) 11 22640 Sallent de Gállego /Huesca (Aragón|España)
Tras los recios muros y el habitual semblante de refugio montañés de piedra, madera y pizarra, se esconde algo más que un establecimiento unido a la tradición de las cumbres de Panticosa y Formigal. Fiel a la arquitectura del Valle de Tena, La Casueña habita en la historia de Lanuza, aldea del Pirineo Aragonés anegada por las aguas de su pantano años ha y atada a la historia del reino gracias a sus nueve Justicias de Aragón.
Con estos parámetros y con la vena artística del propio decorador, Vicente García Planas, los interiores escapan a cualquier previsión. El trabajo con el hierro en el arco de la entrada y en la escalera o los frescos de las zonas comunes y las buhardillas son creación directa de su pulso y sudor.
El resto del sumario ornamental se debate entre una huida hacia la modernidad y un anclaje en las raíces. De los paneles de policromías geométricas se pasa a las alegorías de arte románico y las miniaturas del museo sacro de Huesca. Para todos los gustos, sí señor.
Más consenso se aprecia en las estancias, con atención especial a las abuhardilladas, todas bautizadas: Mario Vargas Llosa y La guerra del fin del mundo, Julio Llamazares y La lluvia amarilla, Mario Benedetti e Inventario... Así hasta diez escritores con sus diez libros de cabecera en la mesilla de noche. Todo un detalle.
Especial también, la intimidad del comedor, bajo los frescos y la luz de los farolillos, idóneo para una velada romántica al calor de la chimenea minimalista mientras la nieve cae a sus anchas tras los cristales.
Desmenuza todo el encanto de La Casueña en la crítica de Fernando Gallardo.
dobles: 6, dobles especiales: 4;
todas con
calefacción, camas kingsize, monitor plano de TV LCD/Plasma, TV Canal Plus, lector DVD, mesa de trabajo, habitaciones no fumadores, albornoz, secador de pelo
guardaesquis, salas de convenciones con capacidad para 10personas , salón de estar
bar cafetería, restaurante
admitidas
Consultar.
Marián Pérez
No son pocas las curiosidades atadas al hospedaje de La Casueña. Su original decoración artística a cargo de Vicente García Planas; la tradición literaria de sus alcobas, bautizadas con nombres de autores ilustres y provistas de sus más icónicos ejemplares; y su enclave, esa aldea de las nueve Justicias de Aragón llamada Lanuza que vio cómo parte de su fisonomía quedaba anegada por las aguas del embalse. Luego no alcanzó la elevación prevista y hubo que retomar el pulso al tiempo salvando la piedra reflejada en las orillas, la iglesia sobre la peña Foratata y alumbrando, claro, el hotelito de marras.
Un hotelito especial para un pueblo especial. Porque hablar de uno es hablar del otro como lazo indisoluble. De las aguas de un pantano a medio llenar emergió tras décadas de soledad forzosa las almas expropiadas de Lanuza, pueblecito embarrancado en el valle de Tena, protagonista de un pedazo de la historia capital del reino de Aragón como cuna de sus nueve Justicias.
Rodeado de las mejores excusas del Pirineo de Huesca, el encuadre de montaña se ha visto fortalecido con la revitalización del entorno y del jugo extraído por el buen hacer de sus gentes se beneficia desde sus ventanas el calor de hogar de La Casueña. Regentada por los hermanos Pérez Urieta con el candor de quien se siente parte de sus paredes y paisajes, la vestimenta del continente es responsabilidad del decorador Vicente García Planas, susceptible de experimentar el hotel como creación propia, como lienzo donde pulsar sus querencias artísticas, las suyas y las ajenas. Así, las sensaciones desfilan desde la calidez a la inclinación kitch aunque de buenas intenciones. Diferente al común denominador de los refugios montañeros sí es.
Los paneles de policromías geométricas inspiradas en Rothko conviven como pueden con los retazos historicistas y con las invenciones manufacturadas por el mismo García Planas, más entonado en las estancias sin llegar tampoco a unificar del todo las tendencias. Todas muy espaciosas, lucen paredes vírgenes de tonos neutros, suelos de parqué en color canela y una particular mixtura de arte antiguo y noción contemporánea, como la empleada en las encimeras de los cuartos de baño, en donde las mamparas exhiben extractos serigrafiados de los libros de cabecera de cada habitación. Hasta diez libros de diez autores para diez estancias.
Más especiales las abuhardilladas, con sus lucanas orientadas a Lanuza y su embalse, con Mario Vargas Llosa y La guerra del fin del mundo al frente por sus panorámicas aún más primorosas. Sólo resta una mejor insonorización y el retiro en La Casueña será completo.
Con el deseo de retomar la vida en este pueblo, surge la idea y nace el proyecto de La Casueña, que contribuye al despegue definitivo en el renacimiento de Lanuza, siendo ésta la primera de las iniciativas de actividad empresarial en el lugar.
Queremos ofrecer un nuevo concepto hostelero donde la tradición, la vanguardia, las nuevas tecnologías, la naturaleza y el viajero convivan en una cálida y especial armonía.
Nuestro objetivo es conseguir que la estancia de los viajeros, en nuestra casa, sea una parte importante dentro de su viaje en este refugio para los sentidos, un lugar para el reencuentro y para la conversación interminable con la naturaleza.
En el edificio, la piedra, la madera y la forja son los materiales utilizados por excelencia y abundan los detalles naturales, en un diseño y decoración que combina lo rustico y lo moderno, creándose un ambiente muy acogedor. Podrán encontrar diez habitaciones de "libro", literalmente, porque están dedicadas a distintos escritores y las referencias literarias bullen por las estancias y rincones.
Las mamparas de los baños llevan serigrafiados algunos textos de estos autores y el cliente encontrara en cada estancia una obra del escritor que da nombre al dormitorio; las encimeras de los aseos contienen bajo sus cristales pequeñas piedras de río.
La sala de estar se transforma en una pequeña biblioteca y sus paredes transparentes dejan a la luz los troncos, las hojas y las cortezas de pino que parecen estar dispuestos para ser quemados en la chimenea. El comedor está presidido por un colorista mural pintado en la techumbre.
He estado co mi familia en el mes de febrero en el hotel La Casueña. Nos ha encantado.Su ubicación es mágica, de ensueño. Con unas vistas increíbles a un paisaje de montañas y un enorme pantano.El hotel por dentro muy acogedor, limpio y entrañable.El servicio perfecto. Sus dueños, Miguel y Marian son encantadores y eficientes. La comida bueníiiiiiiisima. Habitaciones muy bonitas dedicadas a nuestros escritores. a mí me tocó la habitación de García Lorca. Recomendamos este hotel, les va a encantar!!!!!! Volvería sin dudarlo. Tenemos un maravilloso recuerdo de nuestra estancia allí. Gracias Miguel y Marian!!!!!!!!!
He estado unos dias con mi marido hospedada en este hotel y aunque no suelo escribir comentarios de los hoteles a los que voy, en este caso y ambos estamos de acuerdo, es de justicia para los propietarios, Miguel y Marian, darles la enhorabuena por el trabajo que están haciendo. Desde la decoración de las estancias, tanto habitaciones como salas y comedores, decoradas con la intencion de crear un ambiente acogedor, elegante, amable. donde todos podamos sentirnos identificados. con respecto a los servicios: la limpieza inmejorable, la ropa de cama y aseo excelente, los detalles del cuarto de baño, la comodidad de la cama. Con respecto a los desayunos, (con mantel y servilletas de lino, ¡Que detalle mas exquisito!),excelente calidad y cada dia una sorpresa casera. Lo mismo con respecto a las cenas, excelente. Y para terminar, el trato de todo el equipo exquisito. He estado en muchos 4 estrellas de los que no podría hacer una valoración tan buena de todos los servicios. ! Un 10 para todos los que hacéis posible La Casueña. Gracias por vuestra acogida.
Enlace privilegiado servicio súper atentos , fui con 2 niños ,fueros cariñosos atentos pacientes ,la verdad una alegría , todo súper correcto y cálido , para volver sin duda Que paciencia con los ñoños , de agradecer
Sus dueños que son unas personas maravillosas y atentas. El hotel es precioso y con una decoración excelente , con unas cenas y unos desayunos exquisitos, así como lo es su entorno. Fui en familia y mi hija se lo pasó en grande.
Estuve hace 3 años en La Casueña, después de verlo en Notodohoteles. Escribo ahora porque me parece una injusticia el comentario que hacen abajo. Nos pareció un hotel de ensueño en un enclave precioso. Fuimos en verano, muy agradable. Lo recomendamos sin dudar!
La comida fue inmejorable. Los desayunos, cargados de buenos productos y muy completos.
No estoy de acuerdo con la opinión de otro usuario acerca de varios puntos negativos que le ve al hotel. El menú de cena a mí no me parece caro, aunque eso es cierto que es muy relativo. En cualquier caso creo que la relación entre la calidad que ofrecen y el precio que tiene es realmente buena. Acerca del tamaño de las habitaciones, yo he estado allí dos veces y en ambos casos la habitación era más que suficiente. En un caso (habitación estándar del primer piso) la habitación era bastante grande y tenía un baño normal. En el segundo caso (habitación abuhardillada del segundo piso) la habitación era algo más pequeña, pero más que suficiente y el baño era realmente grande. Por otro lado, no recuerdo las habitaciones especialmente ruidosas. Nosotros, las dos veces que hemos estado, hemos consultado los libros de la biblioteca para hacer excursiones y jamás nos han puesto pegas por ello. De hecho, los dueños nos han tratado de ayudar en todas las dudas que nos surgieron y siempre han sido realmente amables con nosotros. Sí que coincido en el tamaño de la tele. Tienen televisiones de14 pulgadas en las habitaciones. En cualquier caso, en el valle de Tena hay tantas cosas que ver y que hacer que a mí, la verdad, lo último que me importa es el tamaño de la pantalla de televisión. Como he dicho, hemos estado ya dos veces y vamos a volver unas cuantas más, seguro. Es un sitio precioso tanto en invierno como en verano y el valle de Tena es una maravilla. Para nosotros es el hotel ideal para escaparse 2, 3 o 4 días y disfrutar del paisaje, la naturaleza y la buena compañía. Yo lo recomiendo sin lugar a dudas.
Lugar ideal para descansar, enclave precioso. Trato, gastronomía y habitación excelentes. Los dueños, Marian y Miguel, son encantadores. No se puede pedir más para unos días de descanso y desconexión.
Habitaciones muy pequeñas y sin insonorizar, por lo que a la hora que se le levante el primero... La pantalla de televisión es pequeñísima. El precio del menú nos pareció a nosotros muy elevado. Y te miran mal si coges algo en la biblioteca. Sólo se salva el enclave.