
Nada mejor que las murallas de una ciudad medieval para proteger las huellas arquitectónicas del pasado y convertirlas en templos del descanso. Intactos y silenciosos. Nos encontramos a pocos kilómetros de Fátima, la histórica villa del milagro que atrae a miles de peregrinos cristianos procedentes de todo el mundo. Aquí, en Ourem, un pueblecito que casi lame la orilla del Seiça, y a cuyo valle se...
